Evangelio según San Juan 1, 35-42

Contexto litúrgico

Terminado el Tiempo litúrgico de Navidad, comenzamos el Tiempo Ordinario (domingos verdes), que se interrumpen al iniciar la Cuaresma y se continúan después del Tiempo pascual. En este ciclo B se lee principalmente el Evangelio de Marcos. Aunque (como en éste) algunos domingos se completan con el Evangelio de Juan.

Hoy corresponde celebrar el 2º domingo del Tiempo Ordinario, ya que el primer domingo coincidió con la solemnidad de la Epifanía.

Contexto bíblico

Este texto encierra (con algunos versículos siguientes hasta el v. 51, que hoy no se leen) cuatro títulos que el evangelista aplica a Jesús:

  • Cordero de Dios (v. 36);
  • Maestro (v. 38);
  • Mesías (v. 41);
  • Jesús, hijo de José (v. 45).

No es verosímil que estos títulos cristológicos el Bautista y los discípulos le aplicaran a Jesús de inmediato. Esto es fruto de una experiencia larga del conocimiento de Jesús. Hay que distinguir en estos textos como en otros, tres niveles de lectura: el histórico, el cristológico y el eclesial.

Texto

Es un relato de presentación de Jesús a cargo de Juan Bautista y de los primeros discípulos y además recoge este texto la respuesta de los primeros que se deciden seguir a Jesús.
1. Éste es el Cordero de Dios (v. 36)

La sangre del cordero inmolado marcó las puertas de las casas de los hebreos y así pudieron librarse del exterminio (Ex 12).

Pero, éste es el verdadero Cordero, que nos libra del pecado y de la esclavitud. Sacrificado en el Calvario, su entrega es signo y sacramento de salvación para nosotros.

La Eucaristía es la actualización permanente de esta entrega de Jesús hasta la muerte porque nos ama.

2. Maestro, ¿dónde vives? (v. 38)

Él es la Palabra de Dios humanizada. Él es el camino, la verdad y la vida (Jn 14, 6). Sus palabras son espíritu y vida (Jn 6, 68).

Jesús es el Maestro, que enseña a sus discípulos, con palabras y conducta, a vivir la misma experiencia de Jesús. Vengan y lo verán (v. 39).

El ser discípulo de Jesús no consiste en saber mucho sobre Él, sino en vivir su misma vida, entrar en el ámbito de su experiencia de comunión con el Padre y con los hermanos.

3. Hemos encontrado al Mesías (v. 41)

Jesús es el Mesías, el Ungido, el Cristo, el Amado de Dios, el esperado de las gentes.

Aunque no le busquemos y no le esperemos, Él sigue saliendo a nuestro encuentro para ofrecernos generosamente su salvación y su amor.

El Padre le ha enviado para eso. Y el que le busca lo encuentra. Como los discípulos que, después de tantas dudas y ambiciones, al fin llegaron a comprender cuál es la misión y el camino del Mesías: dar la vida para que todos la tengan en plenitud.

Las llamadas de Dios se hacen en cadena de unos a otros. Gracias a que Juan el Bautista encontró a Jesús, él mismo fue indicando el camino a los otros discípulos. El testimonio del Bautista se hizo necesario para hacer posible el encuentro con Jesús.

Cada cristiano tiene esta vocación: ayudar a los demás a encontrar a Cristo, sobre todo, con el testimonio del gozo de su propio encuentro. La fe es esto: encontrar a Cristo para vivir con Él. Vieron donde vivía y se quedaron con él (v. 29).