A los Tres Divinos, que se han volcado hacia ti para hacerte feliz, entrando en comunión con la Trinidad.

A ti mismo, que estás sumergido en el océano del Amor de Dios.

Reconoce el don generoso del Señor que te regala. Alaba al Señor constantemente. Dale gracias con tu misma vida. Que tu vida sea una "Eucaristía" (acción de gracias) permanente.

Siente el gozo de ser hijo predilecto del Padre, hermano y discípulo de Jesús en el Espíritu. Que las sombras de tus fallos desaparezcan con la alegría de tu vocación.