Evangelio según San Marcos 6, 1-16

Contexto bíblico

Marcos concluye los capítulos que ha dedicado a relatar la actividad de Jesús en torno al lago de Tiberíades. Dicha actividad se despliega en la enseñanza con parábolas y en la realización de milagros.

En este relato nos presenta a Jesús en su actuación ante sus paisanos de Nazaret.

Texto

1. ¿De dónde le viene a éste todo esto? (v. 2)

La reacción de sorpresa y escándalo de los habitantes de Nazaret ante la predicación de Jesús, su paisano, puede deberse a:

  • las falsas expectativas que los nazaretanos pusieron en Jesús, pues esperaban de Él algún milagro y
  • la falta de fe, pues le miraban como a un paisano más, sin darse cuenta de quién era y qué misión les llevaba.

Los vecinos se asombran ante la enseñanza de Jesús. Al parecer, no les interesa el mensaje de la Palabra. Es una admiración, no de aprobación, sino de rechazo. Buscan algo más, algún milagro a favor de su pueblo y de sus familias. Es un relato similar al que nos presenta el evangelista Lucas (4, 14-30).

No reconocen en Jesús sino la relación humana de su familia y del ambiente popular de Nazaret. Le ven sólo desde el lado humano: ¿No es éste el carpintero? (v. 3).

La pregunta inquietante es: ¿quién es Jesús? Quedaron desconcertados los paisanos de Nazaret. No acertaban a dar con la respuesta. En vez de mirarle como el Enviado de Dios, el Mesías, sólo le quieren interpretar desde sus coordenadas humanas. En definitiva, los vecinos de Jesús no supieron ver más allá, mirarlo como el profeta esperado. Les falló, una vez más, la fe.

Y es que Dios se presenta calladamente, en lo más rutinario y normal de la existencia humana. La raíz de la incredulidad está en la incapacidad de descubrir y ver a Dios en lo ordinario de cada día.

2. Y estaba sorprendido de su falta de fe (v. 6)

Así resume Marcos este episodio del encuentro de Jesús con sus paisanos. La falta de fe les llevó a no creer nada de la enseñanza de Jesús. Esperaban, tal vez, algún milagro que les sacara de la pobreza o diera la salud a los enfermos del vecindario. Tal vez, podían esperar que Jesús diera renombre a su desconocido poblado...

Todos los anhelos de los paisanos vinieron al suelo. Y también las expectativas de Jesús en sus paisanos. Y es que la falta de fe no hace mirar más que a lo visible ante los ojos, lo terreno que puede beneficiar materialmente, lo milagrero que puede sacar de sus apuros, lo inmediato que satisfaga la comodidad o la pereza, o lo fácil que pueda ahorrar cualquier esfuerzo o atrapar el cielo con las manos.

Jesús queda imposibilitado de promover una conversión en sus paisanos a los valores del Reino de Dios. Ellos soñaban con algún beneficio terreno. Jesús venía a ofrecerles la salvación anunciada por los profetas y esperada por el pueblo creyente del Antiguo Testamento.

La incredulidad rechaza la salvación que ofrece el Señor. Y esto sucede, no sólo en Nazaret, sino en todo lugar y en todo tiempo. Hay cristianos que sólo piden a Dios bienes materiales: salud, trabajo, prosperidad... No van más allá. Jesús viene ofreciendo y dando la vida verdadera. La fe pequeña de muchos cristianos se ve estrellada cuando no consiguen de Dios, a pesar de sus oraciones, veladoras y peregrinaciones, lo que le piden. El fracaso puede ser rotundo. "Este Dios a quien rezo no me es útil. No me sirve. Lo dejo".

El don auténtico de Dios no puede abrirse a aquellos creyentes que se creen con el derecho a señalar al mismo Dios lo que tiene que conceder. Y, para obligar más a Dios, se atreven a presentarle sus virtudes y "méritos" (¿qué es esto?), como razón poderosa y exigente para que el Señor les otorgue el beneficio de lo que le suplican. Es necesario purificar eso que se dice fe, pero que, con frecuencia, no es más que un barniz de religiosidad, que raya en el paganismo.