En las manos y en el corazón del Padre, me quedo sereno y tranquilo. En Él, voy a pacificar mi corazón y mi vida. Sus planes son mis planes, sus deseos son los míos.

Mientras los judíos piden milagros y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado, que es escándalo para los judíos y locura para los paganos (1 Cor 1, 22-23).