1er. Domingo de Cuaresma

1er. Domingo de Cuaresma

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Suplica al Señor que envíe su Espíritu sobre nosotros para quedarnos iluminados por su sabiduría y así poder comprender y vivir, su Palabra: Veni, Sancte Spiritus.

Ven, Espíritu Santo,
te abro la puerta,
entra en la celda pequeña
de mi propio corazón,
llena de luz y de fuego mis entrañas,
como un rayo láser opérame
de cataratas,
quema la escoria de mis ojos
que no me deja ver tu luz.

Ven. Jesús prometió
que no nos dejaría huérfanos.
No me dejes solo en esta aventura,
por este sendero.
Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
Te necesito en mi noche
como una gran tea luminosa y ardiente
que me ayude a escudriñar las Escrituras.

Tú que eres viento,
sopla el rescoldo y enciende el fuego.
Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
Tengo las respuestas rutinarias,
mecánicas, aprendidas.
Tú que eres viento,
enciende la llama que engendra la luz.

Tú que eres viento, empuja mi barquilla
en esta aventura apasionante
de leer tu Palabra,
de encontrar a Dios en la Palabra,
de encontrarme a mí mismo
en la lectura.

Oxigena mi sangre
al ritmo de la Palabra
para que no me muera de aburrimiento.
Sopla fuerte, limpia el polvo,
llévate lejos todas las hojas secas
y todas las flores marchitas
de mi propio corazón.

Ven, Espíritu Santo,
acompáñame en esta aventura
y que se renueve la cara de mi vida
ante el espejo de tu Palabra.
Agua, fuego, viento, luz.
Ven, Espíritu Santo. Amén.

(A. Somoza)

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Evangelio según San Lucas 4, 1-13

Contexto

Las tentaciones de Jesús se narran, sobre todo, en Mateo y Lucas. Marcos dice solamente que Jesús fue tentado (Mc 1, 12-13).

Mateo y Lucas nos describen las tres tentaciones. Lucas cambia el orden de las tentaciones que narra Mateo. Lucas hace que las tentaciones terminen en Jerusalén. Lucas describe la irradiación del Evangelio desde Jerusalén. Recuérdese que, según Hechos de los apóstoles, (su autor es el mismo Lucas), en Jerusalén acontece la ascensión de Jesús y la venida del Espíritu en Pentecostés. Ahí es donde nace la Iglesia. A diferencia de Mateo que presenta a Jesús Resucitado en Galilea y desde allí envía a sus discípulos a predicar el Evangelio por todo el mundo (Mt 28, 16-20).

Jesús Mesías. Jesús no se "aprovecha" de ser Hijo de Dios como un privilegio para sí mismo.

El diablo. Los textos citados relacionan las tentaciones con la Pasión y Muerte de Jesús. Vencido, el diablo se alejó de él hasta el momento oportuno (v. 13). El diablo es el enemigo por antonomasia del plan de Dios y de la humanidad. Es el espíritu malo, las fuerzas del mal, el opresor de la sociedad.

El Espíritu lo condujo al desierto (4, 1). Jesús asume la historia del pueblo de Israel, caminante por el desierto, hacia la tierra prometida. Jesús es el peregrino del desierto, buscando, preguntándose, haciendo camino para sí y para la humanidad.

Cuarenta días. Nos traen el recuerdo de los cuarenta años del pueblo de Israel caminando por el desierto hacia la tierra prometida. El pueblo de Israel fue tentado y cayó en el pecado de la idolatría y de la murmuración contra Moisés y la libertad.

Jesús, segundo Adán. Lucas nos trae, en los versículos anteriores, la genealogía de Jesús (Lc 3, 23-38), descendiente de Adán según la naturaleza humana. Esto nos recuerda la tentación primera (Gn 3). Adán sucumbió a la prueba. El segundo Adán, Jesús, la vence.

Texto

Primera tentación (Lc 4, 3-4). Renunciar a la condición de ser persona caminante. Es la tentación de no aceptarse como hombre caminante, peregrino. El ser humano siente hambre de muchas cosas: bienes, sexo, dominio, soberbia, autosuficiencia, hacer su proyecto. Pero, sólo quedará satisfecho con la Palabra de Dios y lo que ella orienta y fortalece: el plan de Dios para que el hombre sea feliz.

Queremos utilizar a Dios en provecho propio. Pero, no al estilo de Dios, sino al nuestro. La Palabra nos indica el camino exacto para llegar a ser felices: aceptar y amoldarnos al plan de Dios.

Segunda tentación (Lc 4, 5-7). Renunciar al servicio fraterno. Es la tentación del poder, del dominio sobre los demás, de la autoridad impuesta por la violencia, de convertir la religión, la Iglesia y nuestra propia misión en poder para "conquistar mejor a la gente para la fe" (¿?).

Jesús rechaza ese camino y se declara servidor. No ha venido a ser servido sino a servir (Mt 20, 28). Jesús no consiente la tentación del culto a la autoridad como también a la obediencia impuesta. Jesús no quiere dar al poder el culto como si fuera dios. Solamente Dios es el Absoluto. Sólo a él darás culto (4, 8).

Tercera tentación: provocar a Dios. Pedir a Dios milagros innecesarios. El Evangelio no se pregona a fuerza de espectáculo para "apantallar" a la gente y así se "convierta" a la fe. Es la tentación de embaucar a la gente con apariciones, mensajes celestiales (supuestos o falsos), milagros y milagrerías. Es la tentación de renunciar a la vida sencilla, a descubrir que Dios se manifiesta en la historia personal, familiar y social de modos desapercibidos, como si Él no estuviera ahí, actuando y motivando. Es la tentación de renunciar a la cruz: Si es rey de Israel, que baje ahora de la cruz y creeremos en él (Mt 27, 42).

Resumiendo:

  • Jesús no fue un Mesías político, que buscara el poder y la gloria.
  • Jesús no fue un Mesías mágico y espectacular, que quería imponer el Evangelio con prodigios deslumbrantes.
  • Jesús vivió y realizó su misión sin ventajas para sí, sin ningún milagro para él ni para los suyos.
  • Jesús fue un Mesías tentado, como cualquier humano. El tentador le ofrecía caminos más fáciles, pero Jesús los rechazó.
  • Jesús fue el Mesías de la justicia y del servicio fraterno. El Siervo y servidor de todos.
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¿Qué actitudes tomo ante las tentaciones que me acechan? ¿Me siento débil o pongo toda mi confianza en el Señor y e su Palabra?

Quiero aceptar tu reto, mas siento en la garganta un apretado nudo y no sé decir nada.

¿Qué le respondes al Señor ahora mismo ante este mensaje y ejemplo de Jesús? ¡Admirable!

¿Cómo quieres enfrentarte a toda tentación? ¿Como Jesús? Pídele esa clarividencia para saber cuáles son las tentaciones que hoy te envuelven: consumismo, ambición, dominio, soberbia, sexo, poder...

No pienses que porque eres tentado ya caes en el pecado.

Repite muchas veces: No de solo pan vive el hombre sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios. Aprecio por la Palabra.

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Contempla

A Jesús en el desierto, que vence las tentaciones con la Palabra de Dios en su boca y en su corazón.

Felicítale, porque con su victoria, Él nos da la capacidad para superar toda tentación.

Agradécele porque no sucumbió a las tentaciones y, desde entonces, con Él nos sentimos fuertes.

¿Qué propósitos haces para enfrentarte a las tentaciones? ¿Cuáles son las que te dominan? ¿Cómo intentas vencerlas? ¿Qué sitio ocupa la Palabra de Dios en tu vida? ¿Invocas al Señor con la misma Palabra que él nos regala? ¿Qué propósitos haces?

Repite durante la semana: No de solo pan vive el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios.

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