2do. Domingo Ordinario

2do. Domingo Ordinario

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Adopta una actitud adecuada para este rato de diálogo con el Señor. Él te va a dirigir su Palabra por medio de la Palabra humanizada, que se llama Jesús.

Evita las distracciones. Entra en el silencio y en la soledad. Es el desierto propio para escuchar la voz del Señor.

Ruega al Espíritu que te ilumine para comprender el deseo y la voluntad del Padre, manifestada en la acción del Hijo Jesús.

Únete a la oración: Veni, Sancte Spiritus.

Ven, Espíritu Santo,
te abro la puerta,
entra en la celda pequeña
de mi propio corazón,
llena de luz y de fuego mis entrañas,
como un rayo láser opérame
de cataratas,
quema la escoria de mis ojos
que no me deja ver tu luz.

Ven. Jesús prometió
que no nos dejaría huérfanos.
No me dejes solo en esta aventura,
por este sendero.
Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
Te necesito en mi noche
como una gran tea luminosa y ardiente
que me ayude a escudriñar las Escrituras.

Tú que eres viento,
sopla el rescoldo y enciende el fuego.
Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
Tengo las respuestas rutinarias,
mecánicas, aprendidas.
Tú que eres viento,
enciende la llama que engendra la luz.

Tú que eres viento, empuja mi barquilla
en esta aventura apasionante
de leer tu Palabra,
de encontrar a Dios en la Palabra,
de encontrarme a mí mismo
en la lectura.

Oxigena mi sangre
al ritmo de la Palabra
para que no me muera de aburrimiento.
Sopla fuerte, limpia el polvo,
llévate lejos todas las hojas secas
y todas las flores marchitas
de mi propio corazón.

Ven, Espíritu Santo,
acompáñame en esta aventura
y que se renueve la cara de mi vida
ante el espejo de tu Palabra.
Agua, fuego, viento, luz.
Ven, Espíritu Santo. Amén.

(A. Somoza)

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Evangelio según San Juan 2, 1-12

Contexto litúrgico

El tiempo de Navidad se concluye con la fiesta del Bautismo del Señor. Iniciamos en este domingo el Tiempo Ordinario, que quedará interrumpido al comienzo de la Cuaresma. Y más tarde, después de la solemnidad del Corpus Christi, seguiremos celebrando los domingos del Tiempo Ordinario hasta el comienzo del nuevo año litúrgico, con el primer domingo de Adviento.

En el ciclo C se lee, sobre todo, el Evangelio según san Lucas, aunque intercalando algunos textos del Evangelio según san Juan, como sucede en este domingo. Estaría bien que supiéramos detalles de las características del Evangelio según san Lucas, para captar mejor el contenido de los textos que la liturgia nos señala en cada domingo. En todas las ediciones de la Biblia encontraremos breves presentaciones del Evangelio que se proclama en la celebración de la Eucaristía.

Contexto bíblico

Este domingo leemos el texto de las bodas de Caná. No nos quedemos solamente con algunos aspectos que, ya desde hace tiempo, habremos escuchado en las predicaciones. Siempre hemos de tratar de profundizar más a fondo en la Palabra de Dios. Y, si estudiamos cada texto, descubriremos aspectos nuevos, que antes no habíamos captado.

Texto

Este relato de las Bodas de Caná es el primero de los siete signos que realizó Jesús y que nos describe el Evangelio según san Juan en los capítulos del 2 al 12 (incluido). Por eso, se llama el Libro de los signos.

Junto a los signos milagrosos, el evangelista ha descrito una serie de discursos, diálogos y debates que constituyen el sentido teológico de la enseñanza de Jesús. Cada episodio tiene su contenido doctrinal, que debemos captar. Es decir que cada signo encierra una parte narrativa y otra parte discursiva, que es la catequesis que explica el sentido de la acción o signo milagroso.

1. Tres días después, hubo una boda en Caná de Galilea (v. 1)

El evangelista va contando los días de la manifestación de Jesús (vs. 1, 29, 35 y 43). Con esta referencia de datos, se completa una semana. Y este modo de narrar quiere decir que queda formada una semana. Por tanto, con la frase tres días después, se nos dice que comienza un tiempo nuevo. Como la creación (según narra el Génesis) se realizó en seis días, y el séptimo descansó el Creador, así ahora, va a comenzar en Jesús la nueva creación.

La imagen de la boda también nos hace referencia al nuevo tipo de relaciones entre Dios y el pueblo, a semejanza de un matrimonio, como ya lo describió el profeta Oseas. Señala, pues, la actuación de Jesús, el tiempo de las relaciones íntimas entre Dios y su pueblo.

La boda de Caná es signo de las bodas de la sangre de Cristo, el verdadero Esposo. La mejor imagen del Reino de Dios es la del banquete de bodas, donde la comida es exquisita y la fiesta es contagiosa. Y es una boda en la que todos participan: Jesús, invitado principal, su madre María, los discípulos, parientes y amigos. Dios se revela desde la vida misma, a través de los acontecimientos humanos. Para el discípulo de Jesús, la vida es una fiesta continua en la cual las relaciones son de amor y de servicio.

2. Había allí seis tinajas de piedra (v. 6)

Las tinajas eran de piedra, no de barro, que era lo común. Se quiere destacar que la piedra no era un elemento que se dejaba contaminar por la impureza legal. Esto quiere decir que Jesús trae la pureza total, basada no en el cumplimiento de la ley, sino en la fe en Jesucristo. Dios salva al hombre, no por el cumplimiento de la ley, sino mediante la fe en Jesucristo (Gal 2, 16).

Y las tinajas eran seis, siete menos uno. Recuérdese que, en la Biblia, el siete es un número perfecto. La ley antigua era imperfecta y debía dar paso al vino excepcional y abundante de los nuevos tiempos mesiánicos.

No les queda vino (v. 3). La advertencia es de María la Madre, que intuía la necesidad de una salvación más completa, que traería su Hijo Jesús.

3. Mi hora aún no ha llegado (v. 4)

La hora señalada por Jesús no es la hora de hacer milagros, sino la hora de su pasión y muerte. Es la hora en que Jesús está cumpliendo totalmente la voluntad del Padre. Y para realizar plenamente el plan del Padre, Jesús no quiere, de ninguna manera, distanciarse de su voluntad.

A su madre María, Jesús le llama mujer. Como así le llamará en el momento supremo de la cruz. Pretende Jesús sacar la escena del ámbito estrictamente familiar. Así Jesús indica que los lazos de la nueva familia de Dios son más fuertes que los de la sangre. Mi madre y mis hermanos son ¡os que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica (Lc 8, 21).

4. Tú has reservado el mejor vino hasta ahora (v. 10)

El vino generoso y el mejor lo brinda el mismo Jesús, entonces, dos. por medio del signo milagroso, y siempre, pues nos invita al banquete del Reino y hace posible que vivamos complacidos y salvados.

Los nuevos tiempos, los tiempos mesiánicos, se abren con este vino nuevo y generoso que nos trae Jesús, uniendo a María, la Madre, que ruega humildemente a su Hijo y que participará totalmente cuando llegue la hora suprema de la entrega al Padre por la salvación de todos.

Así Jesús manifiesta su gloria y sus discípulos creen en Él (v. 11). Es el primer fruto que Jesús realiza por medio del signo del agua convertida en vino.

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Jesús el Mesías quiere inaugurar un tiempo nuevo también para ti. Un tiempo nuevo de cercanía, intimidad, gracia y salvación. Te regala el vino generoso de su Espíritu y te invita al banquete de su amistad.

¿Tienes tentaciones y actitudes de tristeza? ¿Por qué? ¿Te acosan las depresiones y los disgustos? Entra en la dinámica de esta fiesta de bodas con el Espíritu Santo, el don más grande que viene a ti, donación generosa del Padre y del Hijo.

Como los discípulos creyeron en El, así también crece hoy en la amistad y confianza en Él. Como María suplicó a su Hijo a favor de los comensales de la boda, así también ahora intercede por nosotros para que nos invada el gozo y la alegría de la fiesta con Jesús.

Gracias, Jesús, porque, al venir a nuestro mundo, nos traes la vida y la alegría de tu divinidad. Gracias, Jesús, porque estamos invitados a la fiesta continua de tu hora, la de la salvación.

Haz que yo quede lleno de este gozo de tu fiesta. Y que entiende que la vida del cristiano es participar de una fiesta continua.

Gracias, Jesús, porque nos invitas al banquete de tu Cuerpo y Sangre en la Eucaristía. Que esta comunión nos transforme nuestras realidades, para llenarlas de salvación y de gracia.

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Contempla

A Jesús, que viene a traernos la salvación y, con ella, el gozo de vivir y de dar sentido a nuestra existencia humana desde el Evangelio.

A María, preocupada por colaborar siempre en el bien de sus hijos.

A los comensales y a los discípulos, que van creciendo en la confianza en Jesús, su Maestro.

En momentos de tristeza y desilusión recordaré esta página, que me relata lo que hace Jesús por nosotros en todo momento. Pues Él como en Caná, y en tantas ocasiones nos regala su alegría y quiere que vivamos su alegría y llevemos también a nuestros prójimos el sentido de la vida con Él.

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