6to. Domingo de Pascua

6to. Domingo de Pascua

Image

Haz el esfuerzo de disponerte para escuchar la Palabra de Dios. El Señor se te va a manifestar, igual que a los profetas, igual que a la Virgen María. Te va a decir su mensaje especial.

Deja a un lado lo que te ocupa y/o te preocupa en estos momentos. Lo más importante es estar con el Señor.

Pide luz y fuerza al Espíritu, para interiorizar la Palabra y llevarla a la práctica.

Haz la oración: Veni, Sancte Spiritus.

Ven, Espíritu Santo,
te abro la puerta,
entra en la celda pequeña
de mi propio corazón,
llena de luz y de fuego mis entrañas,
como un rayo láser opérame
de cataratas,
quema la escoria de mis ojos
que no me deja ver tu luz.

Ven. Jesús prometió
que no nos dejaría huérfanos.
No me dejes solo en esta aventura,
por este sendero.
Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
Te necesito en mi noche
como una gran tea luminosa y ardiente
que me ayude a escudriñar las Escrituras.

Tú que eres viento,
sopla el rescoldo y enciende el fuego.
Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
Tengo las respuestas rutinarias,
mecánicas, aprendidas.
Tú que eres viento,
enciende la llama que engendra la luz.

Tú que eres viento, empuja mi barquilla
en esta aventura apasionante
de leer tu Palabra,
de encontrar a Dios en la Palabra,
de encontrarme a mí mismo
en la lectura.

Oxigena mi sangre
al ritmo de la Palabra
para que no me muera de aburrimiento.
Sopla fuerte, limpia el polvo,
llévate lejos todas las hojas secas
y todas las flores marchitas
de mi propio corazón.

Ven, Espíritu Santo,
acompáñame en esta aventura
y que se renueve la cara de mi vida
ante el espejo de tu Palabra.
Agua, fuego, viento, luz.
Ven, Espíritu Santo. Amén.

(A. Somoza)

Image

Evangelio según San Juan 14, 23-29

Contexto

El capítulo 14 forma parte del diálogo que Jesús mantiene con sus discípulos en la sobremesa de la Última Cena. Juan dedica a este tema los capítulos 13 al 16. Son textos densos, que van recopilando diversos aspectos: la entrega-glorificación de Jesús, la promesa del Espíritu, la presencia de la Trinidad en la vida de los discípulos y la comunión de éstos con la Trinidad, la oración por los suyos y por su unidad con el mismo Jesús. Hay que meditarlos despacio y con toda dedicación.

En este capítulo 14, Jesús revela una nueva presencia, suya y del Padre, en la comunidad de sus discípulos.

El Antiguo Testamento entendía la presencia de Yahvé:

  • como una realidad exterior al hombre y distante de Él;
  • la relación con Dios se establecía por mediaciones: el templo y la Ley, sobre todo;
  • de la observancia de la Ley por el creyente dependía el favor de Dios;
  • el mundo quedaba en la esfera de lo profano (lo no-santo); había que salir de él para conectarse con lo sagrado (lo santo) donde Dios se encontraba;
  • se daba la división entre dos mundos: lo sagrado y lo profano;
  • el hombre tenía que renunciar a sí mismo, en cierto modo, para afirmar a Dios;
  • el hombre tenía que buscar espacios sagrados (el templo), para comunicarse con Dios.

La nueva presencia de Dios entre los hombres, Jesús la describe en tres modos:

  • su regreso y nuevo vivir con nosotros (14, 18-20);
  • la donación del Espíritu (vs. 16-17 y 25-26) y
  • la venida del Padre y del Hijo a cada uno (vs. 22-24).

Así establece Jesús la nueva relación de Dios con los hombres:

  • un Dios cercano; pues cada creyente y la comunidad son el verdadero templo donde Dios habita;
  • toda la creación es sagrada, no hay distinción de lo profano y de lo santo;
  • buscar a Dios no exige ir a encontrarlo fuera de uno mismo (en el templo, en la montaña...porque está en cada persona);
  • la relación con Dios es, no de siervo, sino de hijo en el Hijo.

Texto

1. Viviremos con Él

Es la verdadera promesa de Jesús, porque el Padre ama a Jesús y Jesús entrega el Espíritu de ambos para comunicar su misma vida a los que se dejan llevar por su amor.

La venida de la Trinidad a nosotros es una nueva y maravillosa creación. Dios no nos crea para reclamarnos nuestra servidumbre, ni para ofrecerle nuestra vida en sacrificio. Sino, para vivir de su amor y para su amor. Para que, con Dios y como Dios, lleguemos a identificarnos con Él.

El hombre no queda anulado. Todo lo contrario. Queda maravillosamente enaltecido, a la altura del mismo Dios. Así trabajar por el crecimiento humano, es dar gloria a Dios. Lo dijo muy bien san Ireneo de Lyon: La gloria de Dios es la vida del hombre ("Gloria Dei, homo vivens").

2. El Espíritu Santo les enseñará todas las cosas

El cristiano, invadido por el Espíritu, emprende una hermosa aventura.

Ser discípulo de Jesús no es estar sometido a unos preceptos, leyes, obligaciones; no es quedarse encerrado en su persona y en lo que marcan las normas. Es dejarse empujar por el viento impetuoso del Espíritu, para encontrarse cada día con la novedad del Padre que nos ama en Jesús y que nos une cada vez más a su intimidad.

El Espíritu es la memoria viva de Jesús. Nos enseñará todo. Nos hará sentir la experiencia de ser amado y de amar, abrirnos a los hermanos y al mundo con su historia, para encontrar ahí la salvación nuestra y de los hermanos.

El Espíritu nos orienta, nos sacude y nos impulsa a salir de nuestros templos y de nuestros viejos rezos y ritos. Para encontrarnos con Él en la vida, rutinaria muchas veces.

Cuando no se cree en el Espíritu, se vive con miedo a la libertad. Y así, con miedo, cerramos las puertas y ventanas al viento de Dios.

Sin fe en el Espíritu, nos refugiamos en nuestros templos y en nuestros rezos, para así evadirnos de la lucha por una sociedad más justa y fraternal.

3. Mi paz les doy

¡Cuántas veces Jesús saluda a los discípulos deseándoles la paz! Antes de morir y ya de Resucitado.

La paz en la Biblia es uno de los grandes signos de la presencia de Dios y de la llegada del Reino. La paz de Jesús es síntesis de todos los bienes que Dios regala.

La paz que todas las gentes anhelamos y que Jesús la regala a quien trabaja por la paz, propia y ajena: Dichosos los que trabajan por la paz (Mt 5, 9).

Image

Si abrimos las puertas del corazón a la paz de Jesús, la sentiremos y la viviremos constantemente. Si nos dejamos conducir por el Espíritu de Jesús, que da luz, energía y paz, llegaremos a vivir en la intimidad de la Trinidad.

Cuando nos confiemos a la acción del Espíritu, percibiremos que el ser cristiano no es un peso que oprime y atormenta, sino que es vivir en libertad plena y dejarse guiar por el amor del Padre, que nos ama en su Hijo y que en el Hijo nos tiene por hijos.

Éste es el arte de ser cristiano: dejarse invadir por Dios que nos ama y nos llena de felicidad. Para ser libres, Cristo nos ha liberado (Gal 5, 1).

Te damos gracias, Señor,
porque tu Palabra
ha dado a luz a nuestras palabras.
Estábamos, Señor, despalabrados.

Nos habían enseñado que nosotros
no teníamos nada que decir,
y escuchábamos a los líderes,
repetíamos sus consignas,
copiábamos sin éxito las frases
y ademanes de los doctores y triunfadores.

Intentábamos vestirnos
de palabras de moda.
Nos iniciábamos a palabras-claves,
como si fueran la llave del éxito
en la vida y el amor.

Pero ya habíamos perdido la esperanza
de que nosotros pudiéramos
parir palabras vivas.
Nosotros no éramos hombres de palabra.

Pero al oír en la comunidad tu Palabra,
al oír tu viva voz
que nos pedía respuesta,
hemos tenido que hablar,
por obediencia,
y nos han salido palabras no oídas,
desconocidas en nuestro ambiente,
ignoradas también en nuestro interior.

Al oírlas, hemos sabido con sorpresa
que las llevábamos dentro,
sin saber el tesoro escondido
que guardaba nuestro pecho.

Es que tu Palabra es la semilla.
Ella fecundó nuestro corazón
y salieron palabras sinceras,
desnudas y hasta bellas,
porque no eran adorno artificial,
sino la gracia que nos diste tú.

Y más aún, Señor,
nuestras palabras se entretejieron
y nació un mundo común de palabras,
un mundo tuyo que es mundo nuestro.
Poco a poco va naciendo una casa
de palabras vivas,
que nos da cobijo y encuentro.

Tu Palabra es la luz.
A la luz de tu Palabra
leemos el libro de la vida
y escribimos el libro de la historia.

Y al leer todos a la misma luz,
nos encontramos.
Antes estábamos divididos
por ser clientes de diversos amos
o porque por despecho
nos refugiábamos en nuestra soledad.

Tu Palabra nos lleva a reconocernos
como empobrecidos, como dignos,
como hermanos.

Tu Palabra nos llama a romper
la lógica que nos condena.
Gracias a ella somos los marginados
que acogemos,
somos los explotados que compartimos
y ayudamos.
No aspiramos a trepar dejando atrás
a los hermanos.

Luchamos a tu luz y con tu fuerza
por construir
otro sistema más de acuerdo con tu plan,
donde podamos caber todos,
reconciliados.

Ningún sistema podrá contener
tu Palabra.
Sólo te pedimos que el mundo
que salga de nuestras palabras
y de nuestras manos
esté siempre abierto a tu Palabra,
que desquicia y salva.

Image
Contempla

A toda la Trinidad que vive en el templo de tu persona. Siente que toda la Trinidad se relaciona y se ama entre los Tres dentro de ti. Y que, desde tu interior, dirige el mundo, la historia, pero, sobre todo, te dirige a ti mismo.

Concreta tus buenos propósitos para vivir en paz.

Pide la paz durante esta semana, con la oración de la Misa: Señor Jesucristo, que dijiste a los apóstoles: Mi paz les dejo, la paz les doy. No tengas en cuenta nuestros pecados sino la fe de tu Iglesia...

Actúa