Fiesta del Bautismo del Señor

Fiesta del Bautismo del Señor

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Prepara el ambiente exterior e interior para escuchar lo que quiere comunicarte la Palabra de Dios. El silencio exterior es importante: ausencia de ruidos, lugar tranquilo...

Pero más importante es el silencio interior: dejar a un lado cualquier preocupación, proyectos, tareas pendientes, etc., y abrir tu corazón al mensaje de la Palabra.

El Señor te va a manifestar su proyecto sobre ti. Jesús es tu modelo y tu fuerza para aceptar la Palabra, porque El mismo es la Palabra viva. Y el Espíritu Santo va a motivarte para que la Palabra se "encarne" en ti mismo, como lo hizo en María Virgen y en los apóstoles en Pentecostés.

Abre tu corazón al Espíritu que actúa en tu interior. Y repítele como María: "Hágase en mí según tu Palabra": Veni, Sancte Spiritus.

Ven, Espíritu Santo,
te abro la puerta,
entra en la celda pequeña
de mi propio corazón,
llena de luz y de fuego mis entrañas,
como un rayo láser opérame
de cataratas,
quema la escoria de mis ojos
que no me deja ver tu luz.

Ven. Jesús prometió
que no nos dejaría huérfanos.
No me dejes solo en esta aventura,
por este sendero.
Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
Te necesito en mi noche
como una gran tea luminosa y ardiente
que me ayude a escudriñar las Escrituras.

Tú que eres viento,
sopla el rescoldo y enciende el fuego.
Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
Tengo las respuestas rutinarias,
mecánicas, aprendidas.
Tú que eres viento,
enciende la llama que engendra la luz.

Tú que eres viento, empuja mi barquilla
en esta aventura apasionante
de leer tu Palabra,
de encontrar a Dios en la Palabra,
de encontrarme a mí mismo
en la lectura.

Oxigena mi sangre
al ritmo de la Palabra
para que no me muera de aburrimiento.
Sopla fuerte, limpia el polvo,
llévate lejos todas las hojas secas
y todas las flores marchitas
de mi propio corazón.

Ven, Espíritu Santo,
acompáñame en esta aventura
y que se renueve la cara de mi vida
ante el espejo de tu Palabra.
Agua, fuego, viento, luz.
Ven, Espíritu Santo. Amén.

(A. Somoza)

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Evangelio según San Lucas 3, 15-16

Contexto litúrgico

Con la Fiesta del Bautismo de Jesús se clausura el ciclo de las fiestas de Navidad. E iniciamos el Tiempo Ordinario. Este domingo coincide siempre con el primer domingo del Tiempo Ordinario.

Contexto bíblico

En este relato del Bautismo de Jesús no dice Lucas quién le bautiza. Y excluye a Juan como quien bautiza a Jesús. Pues en el versículo 20 de este mismo capítulo describe que Juan Bautista está preso en la cárcel por orden de Herodes.

Los comentaristas de la Biblia interpretan este detalle diciendo que, cuando Lucas escribía su evangelio hacia el año 80, existían comunidades que tenían como Mesías a Juan. De ahí que Lucas da desde el principio la primacía a Jesús como Mesías.

Destaca la manifestación (epifanía) pública de Jesús más que el bautismo, la venida del Espíritu sobre Jesús y la declaración venida del Cielo: Este es mi Hijo amado, en ti me complazco.

Texto

Este breve resumen del bautismo de Jesús que escribe Lucas contiene estos puntos:

Nos revela al Padre: Se abrió el cielo (v. 21). Dios está con los humanos.

Desciende el Espíritu Santo: El Espíritu Santo bajó sobre él en forma visible, como una paloma (v. 22). El Espíritu que nos hace verdaderos hijos de Dios.

La Palabra de Dios: Vino una voz que venía del cielo (v. 22). Es la Palabra de Dios que nos habla en su Hijo Jesús, hecho también palabra humana.

El Padre en Jesús nos hace hijos suyos: Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco (v. 22). Por el bautismo-sacramento somos engendrados a la vida de Dios.

En un clima de oración, se realiza la teofanía (manifestación) y transformación de Jesús-hombre y en El nosotros: Mientras Jesús oraba (v. 21).

El pueblo está expectante por descubrir quién es el Mesías: Un día cuando se bautizaba mucha gente (v. 21). Buscan el bautismo penitencial y recibirán el verdadero bautismo, el que Jesús dejará a la Iglesia como sacramento.

Como representante de la humanidad pecadora, Jesús se deja bautizar en solidaridad con los humanos, para destruir el pecado que esclaviza: También Jesús se bautizó (v. 21). Jesús se manifiesta como verdadero hombre en comunión con todos los necesitados de salvación.

1. Cuando se bautizaba mucha gente (v. 21)

Jesús es bautizado después de todo el pueblo, como para asumir la necesidad de purificación de todos. El bautismo de Juan no la recibieron todos los judíos. Sólo algunos del pueblo sencillo. Y Jesús proclamará la necesidad de la purificación para recibir la salvación que El trae para todos.

Este grupo numeroso que se bautiza es un signo de la universalidad del bautismo que la Iglesia celebrará desde Pentecostés, y es también un anticipo del nuevo pueblo de Dios, que se iniciará en Pentecostés, cuando recibieron el verdadero bautismo unas tres mil personas (Hch 2, 41).

2. Mientras Jesús oraba (v. 21)

El tema de la oración va a ser una de las constantes de la narración evangélica de Lucas. Así también nos presenta a Jesús en los momentos más importantes de su vida:

  • antes de la elección de los Doce (Lc 6, 12);
  • antes de la profesión de Pedro (Lc 9, 18);
  • antes de la transfiguración (Lc 9, 28sj;
  • antes de recitar el Padrenuestro (Lc 11, 28s);
  • en el Huerto de los Olivos antes de la Pasión (Lc 22, 41); en la cruz (Lc 23, 45).

Durante la oración es cuando representa la manifestación de Dios: se abrió el cielo y el Espíritu Santo bajó sobre él en formo visible (Vs. 21 y 22).

3. El Espíritu Santo bajó sobre él (v. 22)

Para Lucas, la manifestación del Espíritu y la voz del cielo forman el centro de este relato. Porque:

  • El Espíritu unge a Jesús para constituirlo como Mesías esperado y verdadero. Lo recordará el mismo Lucas, cuando Jesús se presenta ante sus paisanos de Nazaret y leerá el texto de Isaías: El Espíritu del Señor está sobre mí porque me ha ungido para anunciar la buena noticia a los pobres (Lc 4, 18).
  • Recordemos que Mesías quiere decir ungido. Jesús es el Mesías anunciado por los profetas y el que inaugura los nuevos y definitivos tiempos mesiánicos.

4. Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco (v. 22)

Ésta es la definitiva manifestación (epifanía) de este relato sobre Jesús. Él es el Hijo amado. El Padre sé complace en Él. De Él recibe el Padre la gloria y el honor. De Él reciben los humanos la salvación y la filiación divina. Somos hijos del Padre en el Hijo Jesús. Y esta condición divina se nos regala en el bautismo.

El bautismo es la primera epifanía sacramental: nos comunica la vida de hijos de Dios (que es gracia), nos incorpora a la Iglesia (es entrada a la comunidad) y nos regenera del pecado (es perdón).

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La Palabra que relata San Lucas, ¿qué nos dice? ¿Me siento interpelado por la actitud de Jesús que se entrega al coloquio con el Padre en la oración? ¿Cómo siento la vivencia de oración para escuchar la Palabra e interpretar las voces que el Señor me envía en mi historia personal y comunitaria?

He sido bautizado en el nombre de la Trinidad y recibí desde entonces la condición de hijo de Dios y miembro de la Iglesia, para ser también como Jesús discípulo y testigo del Evangelio. ¿Cómo vivo este regalo y vocación?

¿Experimento en mi conciencia el gozo de escuchar las mismas palabras que Jesús recibe del cielo: tú eres mi hijo amado, en ti me complazco? En los momentos de tentación y desánimo, ¿me fortalece sentirme que Dios me ama y me ayuda?

Padre, te doy gracias, porque te acuerdas siempre de mí para que también yo me acuerde de Ti y te corresponda con mis actitudes y actividades. Haz que me comporte como verdadero hijo tuyo.

Jesús, que fuiste ungido por el Espíritu para ser profeta y Mesías y así aplicar tu salvación para todos los humanos. Te pido que Tú seas siempre mi maestro y que yo responda fielmente a esta vocación. Para que también desempeñe mi labor de apóstol, enviado para manifestar a los humanos la Buena Noticia.

Espíritu, haz que siempre experimente tu luz y fortaleza y pueda también realizar mi tarea como "profeta, sacerdote y rey", que recibí en el bautismo.

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Contempla

A Jesús, que humildemente carga con los pecados de la humanidad e inicia su misión evangelizadora.

Al Padre, que le acompaña siempre desde su Amor infinito.

Al Espíritu, que en Jesús se hace nuestra fortaleza y nuestro gozo.

En momentos de apatía y desesperanza, contemplaré esta escena del bautismo de Jesús y, con Él, me sentiré "hijo amado del Padre".

Haré durante la semana una oración de acción de gracias por la Palabra recibida.

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